Verde traición

Petra Balzer

Spanisch / Erwachsene mittelschwer

Eran las cinco de la mañana. El sonido del teléfono despertó a Ramón Obregón. Descolgó y escuchó una respiración acelerada. Esperó un momento y, con cierta brusquedad, dijo:

―Buenos días, ¿qué pasa?

―Señor Obregón, ¿es usted?

―¿Quién va a ser? ―refunfuñó el comisario Obregón. La voz de quien llamaba le resultaba conocida. Y le hizo sentir curiosidad.

―Escuche, ha ocurrido algo horrible, espantoso. ¡Tengo mucho miedo!

Obregón sacó un cigarrillo del paquete con una mano, lo que no fue sencillo. Lo encendió, tosió.

―¿Está ahí todavía? ¿Hola? ―oyó decir a la temblorosa voz femenina.

―Sí, todavía estoy aquí. ¿Quién es usted? ¿Y qué pasa?

Oyó un sollozo contenido.

―Señor comisario, soy yo, Carmen, la recepcionista del centro médico. Usted estuvo aquí hace solo una semana con la Dra. Rodríguez por su gastritis.

Obregón se tocó instintivamente el vientre, allí donde sentía un pellizco cuando comía o bebía demasiado.

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Tipp: Lesen Sie den ersten Textabschnitt genau, denn er verrät Ihnen, unter welcher Erkrankung der Kommissar leidet.

Obregon schaut oft „zu tief ins Glas“, raucht zu viel und trinkt Unmengen Kaffee – ganz normal bei seinem Beruf als Kommissar. Körperlicher oder seelischer Stress schlägt sich ebenfalls leicht auf den Magen.
Wegen welcher Erkrankung war der Kommissar bei Dr. Rodriguez in Behandlung?
Schreiben Sie den deutschen Begriff in das leere Textfeld.

―¿Pero qué pasa? Dígame de una vez qué sucede. Y tranquilícese.

―¿Que me tranquilice? ¿Están acechando afuera y me dice que me tranquilice? Pueden volver en cualquier momento y asesinarme a mí también.

El comisario estaba ya completamente despierto. 

―¿Asesinato? ¿Alguien ha sido asesinado? 

Se hizo el silencio, solo se oía una respiración fuerte. 

―Hable de una vez. Si no, no puedo ayudarla.

―La Dra. Rodríguez está muerta. Está aquí, tendida boca arriba ―sollozó la mujer. 

Obregón apagó su cigarrillo, le vibraba el cuerpo: 

―¿Está segura?

―¿Pero usted qué cree? Trabajo en una consulta médica. Sé perfectamente cuándo alguien está muerto. El armario de seguridad está forzado. Faltan los opiáceos. Han sido los yonquis…

―No se mueva de donde está. En 15 minutos estoy con usted.

El coche patrulla llegó al cabo de 13 minutos a la calle Potosí, en El Bon Pastor, donde se encontraba la consulta de la Dra. Rodríguez. No era una zona tranquila o al menos pacífica sino ruidosa y sucia. Como cada día, unos seres desesperanzados aguardaban el próximo chute sentados bajo los árboles de la plaza. 

Obregón informó brevemente a los colegas que estaban en el coche celular sobre la Dra. Rodríguez. Por lo que sabía Obregón, la médica no estaba casada. Trabajaba con el doctor Morales, pero este casi siempre estaba en Palma navegando en su velero, y siempre volvía bronceado. 

La máquina policial se había puesto en marcha. Era hora de que Obregón fuera a ver a la muerta. Entró en la consulta médica y se dirigió directamente al consultorio. La doctora se hallaba tumbada en el suelo con los ojos abiertos. Estaba singularmente bonita, aunque eso no era importante. Guapa, pero con un extraño aspecto juvenil. La amplia ventana que daba a la plaza estaba rota, había cristales en la habitación. La persiana estaba subida. El armario de seguridad había sido forzado. Había ampollas rotas en las baldosas del suelo. Posiblemente alguien tiró las botellitas de la estantería. De la pared colgaba una foto del Che Guevara. A Obregón le sorprendía siempre que iba a la consulta. Curiosamente, nunca se lo había preguntado. ¿Por qué esta mujer no se había distanciado nunca del ídolo de su juventud? Agitó la cabeza. Se dirigió hacia donde se encontraba Carmen, que se había sentado en la recepción. Delante estaba su colega García, justo a punto de encenderse un cigarrillo.

―No puede fumar aquí, ¡esto es una consulta médica, no una cueva de drogadictos!

Obregón le pidió a su colega que fuera a la plaza.

―Allí hay bancos y una pista de petanca. Y ahí están sentados los viejos y los yonquis mirando hacia aquí. Ve a ver qué cuentan.

García asintió con la cabeza y salió.

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3 gegen 3, so stehen sie sich oft gegenüber oder auch 2 Spieler gegen 2 Spieler, 1 Spieler gegen 1 Spieler. Alles andere ist aber verboten. Millionen von Menschen lieben das Spiel mit der Kugel, bei dem zwei Mannschaften gegeneinander spielen Überall in Spanien findet man Plätze und Bahnen, auf denen sich Männer wie Frauen mit Kugeln vergnügen, man kann das Spiel auf jedem Boden spielen. In Frankreich heißt das Spiel „Boule“.
Und in Spanien?

Obregón se dirigió a Carmen en tono afable. La recepcionista, siempre tan resuelta, estaba tensa. Jugaba sin cesar con el colgante de una cadena, una malaquita verde esmeralda. Obregón era un apasionado de los minerales y los coleccionaba como un poseso. Por eso, percibió enseguida el verde maravilloso de la malaquita.

―Esa piedra que tiene es muy bonita ―entabló conversación con Carmen.

Esta sonrió por primera vez. Pero la sonrisa se le desvaneció tan pronto como Obregón le contó que ya los egipcios veneraban la malaquita como piedra de la suerte. 

―A mí no me ha dado nada de suerte, señor Comisario ―respondió Carmen con voz temblorosa.

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In der Natur bildet es smaragdgrüne oder grüne, erdige Massen. Typisch für den Stein sind die Linien, die durch die unterschiedlichen Schichten beim Schleifen hervortreten.
Schreiben Sie die deutsche Antwort auf die Fragen in das jeweilige Textfeld.

Um welches Mineral handelt es sich?

In welcher Form hat es Dr. Rodriguez getragen?

El breve instante de confidencia había desaparecido. El rostro de la asistente se mostraba impenetrable, y Obregón recordó que en realidad tenía que aclarar un caso, en lugar de disertar sobre minerales. Así que pasó de nuevo al modus policíaco.

―¿A qué hora llega normalmente la Dra. Rodríguez a la consulta?

―Los lunes no llega nunca antes de las nueve. Tiene una casita cerca de Arbúcies. Suele pasar allí los fines de semana. 

Carmen parecía contenta de poder contar cosas cotidianas. Las manos se le habían distendido. Mientras preparaba un café exprés para él y también para ella, el comisario miró hacia fuera. García estaba junto a la pista de petanca con media docena de jóvenes y un perro.

―Esos son los yonquis, siempre están merodeando por aquí. Pero ahora van a saber lo que es bueno.

―¿De quién es el perro?

―Es Atila, un pobretón. ¡Apenas le dan de comer!

―¿Y por qué no juega nadie ahí a la petanca? Debe de ser agradable salir a la calle cuando refresca un poco al anochecer y jugar.

―¿Por qué va a ser? ¿A usted qué le parece? Por los yonquis, que envenenan el clima aquí.

―Pero ¿se jugaba antes ahí?

Parece que a Carmen no le gustó la pregunta. Torció el morro, dejando a la vista sus incisivos superiores.

―No sé. Los yonquis ya están ahí desde hace tiempo y antes de ellos estaban los beodos. Esos son todavía peores.

―Las ventanas ¿quedan bien cerradas por la noche?

―Claro, con persianas antirrobo.

―¿Entonces, cuando usted ha entrado esta mañana al consultorio de la Dra. Rodríguez, las persianas estaban bajadas?

Carmen vaciló, recapacitó, pero después negó con decisión moviendo la cabeza. 

―Naturalmente que no, yo no he cambiado nada.

―Pero, cuando abandonó la consulta el viernes, ¿estaban bajadas?

―Sí, estoy completamente segura.

―¿Quién las subió entonces?

Carmen se quedó pensando, muy concentrada.

―Desde fuera no es posible. Solo se pueden abrir desde dentro con una manivela. El asesino debió de entrar por la puerta ―dijo ella. Después hizo una pequeña pausa y musitó:

―Esto es lo que ha sacado de ocuparse siempre de los demás.

Obregón salió de la consulta y se metió en el bar de al lado a tomarse un cortado. Sus vacaciones de verano estaban ya al caer. Él, que esperaba no matarse trabajando… Y ahora este cadáver. La Dra. Rodríguez, con una herida de arma punzante en el pecho. ¿Quién lo habría hecho? ¿Quién mata a una mujer, quién mata a una médica? En realidad, una médica solo tiene amigos, porque ayuda a la gente. Para eso está ahí. Una médica es una persona apreciada, respetada por todos, porque todos necesitan ayuda cuando están enfermos. Una médica ayuda a los yonquis y a los borrachos. Les da metadona a los enganchados. Ningún drogadicto mataría a una médica para conseguir opiáceos. No importaba lo que Carmen pensara y manifestara al respecto. ¿Habrá sido un crimen político? Pensó en la imagen del Che Guevara. La Dra. Rodríguez estaba comprometida políticamente, eso lo sabía él, porque la conocía de antes. Pero no podía imaginarse que algún viejo reaccionario se hubiera vengado de ella. Ni tampoco la razón.

No, se trataba de un homicidio en razón de relación. No había rastro alguno de pelea. Por lo tanto, la fallecida debía de conocer a su asesino. Además, había algo que no funcionaba con la persiana. El asesino o la asesina no entró por la ventana, aunque había vidrios en la habitación. A no ser que la persiana hubiera estado subida. Pero, en ese caso, si alguien hubiera entrando por la ventana, algún vecino lo tendría que haber oído. ¿Tenía una relación de pareja?

Fue en coche hasta la comisaría. El equipo se había juntado en la sala de reuniones con el médico forense, el Dr. Gómez, quien después de que todos se sentasen presentó los resultados de su examen.

―Recapitulando: parece que la Dra. Rodríguez fue asesinada ayer hacia las nueve de la noche con un cuchillo, que le clavaron en el centro del corazón. Probablemente mañana temprano podré comunicarles la hora exacta. Todavía estamos comparando las pruebas de ADN.

Obregón le dio las gracias y añadió sus reflexiones:

―Lo de la persiana es algo raro ―continuó tras titubear brevemente―. Si el homicidio se produjo ayer por la noche hacia las nueve, eso significa, en primer lugar, que la Dra. Rodríguez tuvo que estar en la consulta. ¿Por qué estaba en la consulta un domingo por la noche? Si la persiana antirrobo estaba bajada, entonces el asesino o la asesina tuvo que entrar por la puerta. Tercero, ni la puerta de la casa ni la de la consulta están forzadas, eso lo he comprobado. Por tanto, o su asesino tenía una llave, o la fallecida tuvo que tener algún motivo para abrir la puerta. Además, su asesino no debió de romper la ventana, que se abre hacia dentro, y subir la persiana hasta después de cometido el asesinato. ¿Se pretendía de ese modo fingir un robo? ¿Quería alguien que la sospecha recayera en los yonquis?

Se hizo el silencio, todos estaban absortos en sus pensamientos, ordenaban los sucesos. Obregón esperó un momento antes de dar instrucciones a sus colegas: 

―Sabemos muy poco de la vida privada de la Dra. Rodríguez. ¿Cuál era su situación económica? ¿Tenía un amante? ¿Había hecho testamento? ¿Ocurrió algo especial en la consulta?

Sus colegas se levantaron. El forense le dio entonces una llave. Era la llave de una caja de seguridad de un banco. Obregón la cogió. La caja de seguridad se encontraba en el Banco Santander, en San Andrés.

―Yo me encargo de esto ―dijo y salió de la comisaría.

Hacia mediodía llegó a la zona de ventanillas e hizo que un empleado lo condujese hasta la caja de seguridad. Abrió la caja intrigado. Había papeles encima, también extractos de cuenta, valores. La Dra. Rodríguez era rica. Una de las pocas personas de este país a las que les había ido bien. Bueno, hasta su muerte. 

Encontró dos fotos. En una se veía el retrato de una mujer de cabello oscuro de grandes ojos marrones, la Dra. Rodríguez. Era una mujer bonita con sus misteriosos ojos oscuros. La otra fotografía mostraba a dos mujeres muy juntas delante de la Esfinge de Gizeh. Al parecer, la Dra. Rodríguez había hecho un viaje por el Nilo. En la parte posterior de la fotografía había una dedicatoria escrita a mano: «Por estos siete años, con cariño». Obregón se inclinó para observar la fotografía con más detalle. Era una pareja de enamoradas. Se veía en que era evidente que les complacía ser fotografiadas juntas. La Dra. Rodríguez estaba radiante. Pero aún resplandecía más la malaquita que la médica llevaba al cuello. Y la mujer que tenía en sus brazos era Carmen.

Obregón dio un suspiro. Lo sabía, un homicidio en razón de relación. Mientras aseguraba el contenido de la caja de seguridad, llamó por teléfono a la comisaría y pidió que llevaran a Carmen allí para tomarle declaración.

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Setzen Sie die richtigen Präpositionen ein.
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García no llamó
teléfono al comisario.
Carmen trabaja
una consulta médica.
El forense informó
los policías.
Nadie estaba seguro
nada.
El comisario se fue
su casa
coche después del trabajo.
Carmen no se movió
su sitio.
Aufgabe :
Hinweise

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Tipp: Beide Begriffe, die nicht in diese Reihe gehören, haben etwas mit dem Thema Garten zu tun.

Welche Wörter haben mit dem Thema Verbrechen nichts zu tun?
Wählen Sie zwei der acht Begriffe aus.

el culpable
el sospechoso
el asesino
la tabla
la prueba
el columpio
la cárcel
el crimen
Aufgabe :
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Suchen Sie im Text das Gegenwort folgender Adjektive: 
(Bsp.: relajada - acelerada).

inquieta

silenciosa

limpia

fea

malo

despreciada

sobrios

distraídos

pobre

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